Extraer

Justicia

Joan Kuyek

Cómo proteger a tu comunidad
de la Industria Minera

Cómo proteger a tu comunidad de la Industria Minera

Reseñas y Opniones

Lecturas

Prólogo a la edición en español

Gustavo Castro Soto, Otros Mundos Chiapas, México

Julio de 2020

En América Latina y cada vez más en el Caribe, el Modelo Extractivo Minero se puede considerar como el megaproyecto de mayor impacto en las afectaciones ambientales y en los derechos humanos y colectivos de los pueblos. Es la expresión más violenta que conocemos sobre los pueblos y la naturaleza. La disputa a las comunidades rurales y a los pueblos originarios por sus territorios por parte de las grandes compañías mineras se convierte en una lucha encarnizada bañada de tanta violencia por la ambición.

Sin embargo, en América Latina poco conocemos sobre la situación de la actividad minera en Canadá. Este es el gran aporte que nos ofrece Joan Kuyek, al desnudar las experiencias de despojo y destrucción ambiental que viven los pueblos originarios y otros sectores de la sociedad canadiense. Descubrimos que también hay pueblos indígenas y no indígenas en resistencia, y una sociedad movilizada frente a las consecuencias sociales y ambientales que genera la extracción de minerales en el norte desarrollado. Tal como nos pasa en América Latina, se ha tenido que enfrentar con un sistema colonial y de impunidad en el que las empresas mineras ejercen mucha influencia sobre los gobernantes. Joan nos ayuda a entender que el Modelo Extractivo Minero no tiene fronteras y que sus formas de operar y afectar el medioambiente y los territorios es muy similar.

A partir de nuestras experiencias en América Latina, hemos sido testigos de las operaciones de las empresas mineras que, por medio de despojos, engaños, imposiciones y acaparamiento de grandes extensiones de tierras, impactan sobre la salud de los pobladores que en muchos lugares se debaten entre la vida y la muerte por enfermedades como el cáncer. Las viviendas deterioradas e incluso destruidas intencionalmente para provocar el desplazamiento forzoso; la pérdida de los cultivos y la contaminación y el agotamiento del agua, ya que por lo general el vital líquido es robado y acaparado para la actividad extractiva minera que hinca sus dientes en los territorios.

Las empresas mineras no lo pueden lograr sin el apoyo de los gobiernos que legislan a favor de los intereses de este sector empresarial, que destina millones de dólares al lobby en los congresos de todos los países en materia de impuestos, leyes referentes a la energía y el acceso al agua, e incluso para criminalizar la protesta social y judicializar a los líderes y las comunidades que se resisten al despojo. Los intereses económicos en juego son de tal magnitud que incluso las empresas mineras de Canadá ubicadas en América Latina se apoyan en la violencia y se han visto involucradas en “presuntos” asesinatos de luchadores y luchadoras ambientales contra sus proyectos. Y claro, “presuntos” por la impunidad con la que operan en la región, solapadas por los gobiernos en turno.

Como resultado, en América Latina, muchos amigos y amigas queridas han perdido la vida luchando por ella, por su pueblo, por el agua, por los alimentos y por una vida digna. Que hemos visto y sufrido cómo familias y pueblos enteros quedan desgarrados por la violencia, la división y la impunidad que acarrea la ambición por el enriquecimiento de los minerales.

Igualmente, y salvando las diferencias, en Canadá no son tan distintas las consecuencias sociales y ambientales de las inversiones mineras en su propio país, especialmente para los pueblos indígenas. Desde su amplia experiencia con los pueblos afectados en Canadá por la actividad extractiva minera, Joan Kuyek nos ofrece esta gran oportunidad de ver a través de su larga trayectoria lo que la mina significa, el proceso de extracción y el entramado financiero y de gigantescos intereses y mecanismos para el control mediático a favor de las inversiones mineras. Si aún quedara la duda de qué hace la minería en Canadá de una manera más amigable, el cúmulo de experiencias de Kuyek y los testimonios compartidos desde diversos pueblos canadienses afectados, muestra una realidad muy parecida a lo que conocemos en los países de América Latina.

¿Podemos decir entonces que el Modelo Extractivo Minero actual es sustentable? La Naturaleza no lo soporta más. La capacidad biofísica del planeta no puede mantener ni albergar este proceso extractivo de manera permanente. Inútil pensar que este modelo para extraer los minerales es “verde”, “responsable con el medio ambiente” y mucho menos sus inversores corporativos serán “responsables socialmente” cuando observamos los impactos socioambientales irreversibles que genera esta forma tan acelerada de depredar el planeta.

¿Cómo defenderse de este gran monstruo minero? ¿Cómo desafiar al sector minero? Kuyek nos ofrece aquí las pistas. Durante años los pueblos se han debatido por definir las mejores estrategias para enfrentar a este sector, sobre todo cuando la necesidad que la humanidad tiene de los minerales justifica un modelo de extracción tan depredador para las comunidades aledañas y el planeta entero. La voracidad y celeridad con que se desarrollan los proyectos mineros es de tal magnitud que su impacto es ya irreversible sobre los suelos, la biodiversidad, los bosques y el cambio climático. El despojo y la pobreza de los pueblos se agudiza ahí donde se ubican las minas.

Ante esto, las comunidades se rebelan contra la depredación. Sin embargo, primero es necesario combatir el discurso del supuesto desarrollo y la inevitabilidad de la actividad extractiva minera. Por ello, muchos movimientos que enfrentan los proyectos mineros han caído en la cuenta de que no es posible dejar de usar los minerales, y que el problema no estriba en el mineral en sí mismo, sino en el Modelo Extractivo Minero. Una forma tan depredadora que se acelera en todo el mundo, dejando una huella imborrable a costa del futuro de la humanidad.

Los pueblos se han movilizado y han protestado permanentemente frente a este despojo. Sin embargo, esto no ha sido suficiente: han tenido que aprender más sobre las leyes y las afectaciones, han tenido que acudir a abogados y muchas más acciones de todo tipo para definir las mejores estrategias, mientras se observa el avance de los megaproyectos mineros sobre sus territorios. Si algo hemos aprendido en América Latina es que la mejor estrategia es la prevención contra el modelo extractivo, lo cual significa informarnos y organizarnos antes de que sus empresas e intereses, fincados en el territorio y en las estructuras del Estado, entren y hagan más difícil la resistencia y la defensa de los bienes comunes naturales.

La crisis económica y sanitaria provocada por el COVID-19 ha legitimado y, en algunos países, legalizado el confinamiento. El encuentro entre los pueblos, los movimientos, la manifestación social, la lucha y las resistencias pacíficas quedan postergadas y sus expresiones reprimidas. Incluso las acciones estratégicas en el ámbito jurídico quedan suspendidas, lo que mantiene en total indefensión a las comunidades. En este contexto, gobiernos y empresas mineras aprovechan esta situación para acelerar la actividad extractiva, también sobre la base de justificar que la minería de litio u otros metales estratégicos para alimentar nuevas tecnologías permitirá la urgente “transición energética” hacia las energías renovables.

Los derechos humanos y colectivos de los pueblos no son una opción, una alternativa o una solución, sino una realidad que se debe vivir y disfrutar hoy en día. La resistencia, la defensa de la tierra, los territorios y la lucha por la vida han tenido que brotar de los corazones de los pueblos para defender la dignidad. Y el reto es aún mayúsculo. En la resistencia no necesariamente está la propuesta, la alternativa. Es necesario el cambio radical en la forma de producción y de consumo, de estilo de vida, que debe ser acompañado por políticas públicas para disminuir el consumismo de metales en la lógica de la ganancia y de la acumulación de capital a costa de la naturaleza, de los pueblos y del futuro de nuestro planeta.

Agradecemos a Joan Kuyek que nos comparta sus experiencias y aprendizajes en este interesante libro, producto de décadas de acompañamiento y caminar junto con los pueblos afectados en su lucha por una vida digna. Solo abriendo el corazón, sin prejuicios y sin defensas racionales tan irracionales, podremos comprender la magnitud de lo que está ocurriendo con este Modelo Extractivo Minero y creer profundamente y luchar por un mundo donde quepamos todos los mundos, con otra forma de relacionarnos entre los seres humanos y la naturaleza.




Prólogo a la edición en inglés

John Cutfeet, Primera Nación Kitchenuhmaykoosib Inninuwug, Canadá

Diciembre de 2018

Llegó al fin ese tan esperado libro que ilumine el oscuro y turbio mundo de la minería y denuncie a la tradición cuya única justificación es la prosperidad económica, sin tener en cuenta los costos reales en términos de la salud humana y el medioambiente. Este libro pone en primer plano el proceso de la minería y sus impactos directos en los pueblos cercanos a las tierras explotadas.

En mundos alejados de la mirada de la sociedad dominante, mientras las empresas y sus accionistas celebran las ganancias financieras obtenidas de las minas operativas, las comunidades, particularmente las comunidades indígenas, enfrentan la potencial destrucción de las tierras y aguas que sostuvieron a sus habitantes durante centurias, a cambio de lo que ha sido definido como “culturas de la contaminación.”

Desde los impactos del desastre de Mount Polley —porque fue un desastre, no solo para los millones de salmones que utilizan esos cursos de agua al acceder a sus sitios reproductivos, sino también para las comunidades que se valen del salmón como sustento— a las luchas de comunidades indígenas y no indígenas desposeídas de sus tierras y aguas, Joan Kuyek extrae la verdad ante las falacias que los gobiernos y la industria perpetúan: las minas no son más que “pequeños agujeros” que ocupan la tierra “temporalmente.”

No hay nada “temporal” en los impactos de la minería sobre los ecosistemas, muchos de los cuales fueron aprovechados durante generaciones por los pueblos cercanos que gracias a ellos sobreviven.

Conocí a Joan en su rol como coordinadora nacional de MiningWatch Canadá durante un difícil período en la historia de mi comunidad Kitchenuhmaykoosib Inninuwug (KI, para quienes no pueden pronunciar su nombre oficial). En 2006, sin el conocimiento ni la autorización de los Kitchenuhmaykoosib Inninuwug como colectivo, una empresa junior de exploración llegó a las tierras Kitchenuhmaykoosib Aaki. Durante la lucha, que se extendió hasta bien entrado el año 2008 y culminó con el drama judicial de la liberación de nuestros líderes de la cárcel, el apoyo de Joan y su amplio conocimiento de la minería (reflejados en este sorprendente libro) —entre varias otras habilidades— estuvieron disponibles todo ese tiempo de gran agitación y conflicto, en esta remota comunidad de poco más de 1500 habitantes.

Joan trabajó incansablemente para ayudar a los KI durante las audiencias, tras haber sido demandados por $10 mil millones por oponernos a un programa de perforaciones. El aporte de Joan se hizo evidente al llamar la atención sobre la cuestión fundamental: la necesidad de reformar la desactualizada Ley de Minería de Ontario. Como ella misma explicó: “el problema es el sistema de entrada libre que permite la minería y la exploración minera sin consulta a las comunidades de las Primeras Naciones afectadas ni consideración de otros valores como los servicios ambientales, la caza, el agua limpia e incluso el cambio climático”.

Cuando seis integrantes KI (cinco de ellos miembros del Consejo) fueron sentenciados a seis meses de prisión por no permitir el acceso de la empresa minera a sus tierras, en desacato a una orden de la Corte Superior que lo garantizaba, Joan siguió apoyando con campañas de cartas, comunicados de prensa y la movilización de sus redes de apoyo. Ella vino a la comunidad a descifrar la compleja jerga legal, desconocida para muchos de nosotros, y fue capaz de presentarnos una imagen clara de la industria.

Joan comprendió muy bien el concepto de Kanawayandan D’aaki, el mandato espiritual de los KI de proteger las tierras y recursos —y la necesidad de generar economías alternativas que sean sustentables y aseguren la supervivencia de los Kitchenuhmaykoosib Inninuwug y las futuras generaciones. Este libro ofrece los mismos conocimientos a quienes buscan formas de desarrollar estrategias que vayan más allá de las muestras de suelos y los diques de relaves.

Tras colaborar tan generosamente y apoyar a los KI en tiempos difíciles, Joan comparte sus años de experiencia, conocimientos y sabiduría en estas páginas, permitiéndonos entrever a la industria que ha seguido durante la mayor parte de su vida. Desde políticas y legislación, juntas directivas y mercados bursátiles, a las minas de carbón de Nueva Escocia o el vertido de relaves al arroyo Rose, que fluye hacia el sistema fluvial Pelly en Yukón, el libro pinta una imagen de los costos e impactos reales de la industria minera en el medioambiente y, más importante todavía, en las vidas de cada persona que toca, tanto positiva como negativamente, a corto y largo plazo.

Joan explica los impactos de los químicos que la industria minera utiliza y sus efectos en los seres humanos y la vida natural. Describe también cómo el cianuro, ácido sulfúrico, amoníaco, cloro y ácido clorhídrico impactan en los seres humanos y el medioambiente. El precio de la prosperidad se mide contra el costo humano en salud, naturaleza, ambiente y futuro.

Esta herramienta, desarrollada por Joan, ofrece a muchos el acceso a las experiencias y los conocimientos en que nos basamos durante el conflicto en KI. Si la minería te provoca inseguridad y buscas claridad ante una industria tan compleja, cuyos impactos en el terreno se sienten muy fuerte, los conceptos de Joan te ayudarán a formular estrategias que permitan ponerla en su lugar.

Con los gobiernos y la industria empujando para explotar, explotar y explotar territorios, muchas veces en comunidades empobrecidas como la nuestra, este libro es la roca donde apoyarse para defender lo que es nuestro.

Autora

Joan Kuyek

Joan Kuyek es analista de la minería y organizadora comunitaria residente en Ottawa. Fue fundadora y coordinadora nacional de MiningWatch Canadá entre 1999 y 2009, y continúa trabajando para MiningWatch y varias comunidades afectadas por la minería a lo largo del país. Ha publicado también "Community Organizing. A Holistic Approach" (Fernwood Publishing, 2011) y "Fighting for Hope: Organizing to Realize Our Dreams" (Black Rose Books, 1990).

Traductores

Luis Manuel Claps

Traductor al español

Luis Manuel Claps es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires. Como editor para América Latina de Mines and Communities, apoyó campañas de comunicación sobre los impactos ambientales y sociales de la minería en Argentina, Chile, Bolivia, Peru, Ecuador, Colombia y Brasil. Publicó "Dirtigol en la ruta del oro sucio" (Remitente Patagonia, 2019).

Jamila Maia

Traductora al portugues

Jamila Maia es profesora de inglés desde el año 2000, egresada de la Universidad Paulista. Cuenta con más de 15 años como traductora autónoma. Ex coordinadora pedagógica, trabajó en la selección, contratación y formación de docentes para escuelas de idiomas. Elaboró traducciones y versiones para clientes como National Geographic, Greenpeace, Huff Post Brasil y el Instituto de Estudios Socioeconómicos Nacionales (Inesc), entre otros. Miembro del Fórum Regional de Mulheres Zona Oeste SP.

Contacto

Gracias por visitar esta página. Complete el formulario o escríbanos a info@extraerjusticia.com